Ávila

viajer@s al tren!!!

El viaje ahora a Ávila. Abrimos bocado mi compañera y gran amiga con un recorrido en el trenecito – ella dice que le encanta porque le da una visión de lo que es la ciudad – para luego comenzar la andadura particular.

Así que tocó levantarse pronto. Coger el tren en la Estación del Norte para mí es volver al tiempo del coche-cama que iba a Galicia con mis hermanos y mi madre (un beso donde estés), nueve horas camino de Ribadavia… como cambia todo.

Lo primero que hemos hecho al llegar ha sido desayunar. Nos llamó la atención una cafetería que hace esquina en la que, fuera, al sol de la mañana, había unas personas ancianas tomando café (la sabiduría nos hace parar allí). El croissant a la plancha con mantequilla y mermelada y el buen café nos hace ponernos en marcha.

Lo primero el trenecito y después de él un primer paseo por dentro de las murallas. Después la comida, preguntamos a los lugareños, con la intención en el estómago del chuletón de Ávila, bien famoso, pero no somos de menús de cincuenta euros, así que en una de las calles que llevan hacia la muralla nos paramos.

Los lugareños nos habían indicado dos sitios para comer, uno caro, el otro no lo sé porque no llegamos a ver la carta. Pero después de rechazar el caro, vimos un tercero. No hago publicidad, pero esta vez… En Yakarta nos encontramos buen ambiente, personal amable, la comida apta para nuestro paladar y el bolsillo barato. Así que… como dirían los Stones (Satisfaction).

Después, llegamos a la muralla.

Tienes que subir le dije a mi compañera, pero el tramo que nos habían marcado era todo de piedra, yo con mi cáncer, mi epilepsia, y mi torpeza, los dos con vértigo. Así que nos fuimos al típico sitio de subida, un tramo mucho más amable que recomiendo.

La Casa de las Carnicerías, próxima adonde se coge el trenecito. Este es un tramo hecho en madera que culmina en unos pocos escalones de piedra de la muralla original, con lo cual la ascensión a la parte alta se hace mejor. Las vistas espectaculares, ella se queda maravillada.

Ya no voy a la iglesia a rezar. Pero me quedé con ganas de visitar alguna, ya sabéis religión no está reñido con arte y en Ávila no sabes lo que vas a encontrar. Religión sí, hay mucha. Eso sí, me pregunto porqué hay que pagar para entrar en un templo, sea catedral o no, pero bueno, dejémoslo ahí.

Y con eso, se nos acabó el tiempo. Bajamos, medio perdidos, medio corriendo, siguiendo a unos turistas llegados de allende los mares, y, cuando divisamos la estación aun quedaban unos veinte minutos para que llegara el tren así que estuvimos hablando con ellos aún un largo rato.

Ávila, volveré.

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